Se trata de un ciclo que nos hace reflexionar sobre la relación del ser humano con la naturaleza. El ciclo se encuentra dentro de la programación del festival “Documentamadrid”, que este año cumple su XV edición y que tendrá lugar del 3 al 13 de mayo.

NATURA EN VILO 

Los bosques preceden a las civilizaciones, los desiertos las siguen. François René de Chateaubriand

La etimología de la palabra humano explica vívidamente nuestra ascendencia ligada a la naturaleza: procedemos de la tierra, algo que parece que hemos ido olvidando con el paso de los siglos y de las múltiples civilizaciones que nos han precedido. Diferentes períodos en la historia de la humanidad nos han ido alejando de esa esencia congénita y recíproca que nos une indefectiblemente con el resto de seres vivos e inanimados de este espacio compartido llamada tierra.

Esa brecha se ha hecho ya tan grande que nuestra comunicación con el entorno natural y las presencias vivas se ha convertido, en la práctica, en un uso -y abuso- claramente utilitarista de nuestro entorno que, en el peor de los casos, podría conducirnos, en un tiempo indeterminado, al colapso. Un colapso forzado por nuestros hábitos de vida centrados en el consumo de combustibles fósiles, responsables directos de este irrefutable cambio climático que ya sufrimos a diario.

Es sobre esta premisa tan poco halagüeña, y que muchos pensarán discutible, que este ciclo quiere abrir un diálogo con el que conformar un mapa ecológico del mundo, del ser humano y de la civilización que nos determina, con la idea de acercarnos un poco más hacia la comprensión -o la intuición-, de lo que realmente somos. Películas que abarcan ámbitos, aproximaciones y estéticas tan amplias y diversas como los propios conflictos que muestran: la sutil reevaluación del pasado común en el clásico de Direct cinema de Pierre Perrault y Michel Brault (Por la suite du monde, 1963), la voz paradójica y ambivalente de Laila Pakalniņa (Dream land, 2004, Three Men and a Fish Pond, 2008), o la visión sobre el paisaje y la sociedad desarticulada de China que traza Antoine Boutet en Sud eau nord déplacer (2014).

El cine militante y la denuncia moldearán también parte del programa, con títulos tan dispares en sus aproximaciones estéticas como reconocibles en su impronta ecopolítica y humanista. Resurrección (2016), de Eugenio Polgovsky, testamento colectivo de un lugar paradisíaco convertido en  vertedero público por las malas artes del desarrollismo industrial y la codicia política. También Martírio (2016), ese fresco del antropólogo e indigenista Vicent Carelli, que nos aproxima a la desesperada situación de indefensión de los guaraní-kaiowá en el Mato Groso brasileño, o la sobria lucha contra los elementos económico-especulativos de ese irlandés impasible en The Lonely Battle of Thomas Reid (Feargal Ward, 2017).  Pero tal vez sea Les dépossédés (Mathieu Roy, 2017), el espacio de análisis de mayor calado y complejidad sobre los perversos mecanismos financieros que provocan la pobreza y el hambre en el mundo.

Nos queda la esperanza de minimizar las consecuencias, de ralentizar los efectos, de afrontar desde cada individualidad la responsabilidad colectiva de un cambio de paradigma sobre la base de la superación del antropocentrismo. De ahí la posición estratégica de dos películas que buscan equilibrar cierta mirada pesimista y alumbrar las vías hacía una praxis más equilibrada y benéfica para todos: en Becoming Animal (2018), Peter Mettler reincide, junto a la co-directora Emma Davie, en su personalísima manera de cuestionarse su y nuestro lugar en el mundo, en un nuevo ensayo que tiene como guía la metafísica animista del filósofo David Abram. Mientras, el delicadísimo ensayo de tono metafísico Il monte delle formiche (Riccardo Palladino, 2017) nos muestra como la armonía –posible preámbulo de la transcendencia-, puede estar mucho más cerca de lo que imaginamos.

Todos estos títulos en su conjunto nos muestran un presente difícil y problemático desde donde plantearnos espacios de meditación y análisis que puedan conducirnos hacia la reversibilidad de nuestros actos, de forma que esa conciencia que dicen nos diferencia del resto de seres vivos, pueda convertirse en el encaje que nos reintegre de nuevo en el espacio compartido que deberíamos conformar todos juntos.

1 Voto2 Votos3 Votos4 Votos5 Votos (1 votos, Valoración media: 5,00 sobre 5)
Cargando…
Contribuimos desde el compromiso ético a que la sociedad alcance un estilo de vida equilibrado y consciente. Apoyar el desarrollo sostenible y proyectos socialmente responsables, teniendo presente: Cuerpo, mente y entorno.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here