Hambre real y hambre emocional: conoce sus claves

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Aunque para el ser humano la comida es un método de supervivencia, muchas veces comemos por puro placer e incluso, a veces, para paliar un sentimiento, generalmente negativo, como el estrés, la ansiedad, el enfado o la tristeza. Este hambre generado por emociones adversas es conocido como hambre emocional. Es muy importante detectar el hambre emocional, ya que no es nada saludable y nos puede llevar a la obesidad u otras enfermedades.

Por ello, es muy importante saber diferenciar entre el hambre real y el emocional. A continuación mostramos algunas de las características más importantes de ambos:

Hambre real

  • Llega progresivamente y normalmente a las mismas horas.
  • Elegimos los alimentos que deseamos comer y saboreamos la comida.
  • Al comer, sentimos saciedad y tenemos buenas digestiones.
  • No nos sentimos mal después de comer por la elección de los alimentos.

Hambre emocional

  • Aparece de repente, suele ser un impulso lo que nos lleva a por la comida.
  • No elegimos lo que comemos, si no que las emociones eligen por nosotros. Suelen ser alimentos muy calóricos, bollería industrial y comida rápida.
  • No masticamos, no degustamos la comida y no nos sentimos saciados. Por lo que tenemos digestiones pesadas.
  • Y tras la comida, solemos sentirnos culpables por la elección de alimentos y lo justificamos con frase como: total por un día… o lo necesito.

Aprendizajes del hambre emocional

Desde pequeños se nos enseña a no sentirnos mal. Esto no adecuado desde el punto de vista educativo y pedagógico pues lo positivo es educar en el reconocimiento y gestión de las emociones. No en la negación y escapes emocionales. Es recomendable enseñar a los niños a que a veces, las personas nos sentimos mal porque tenemos tristeza, miedo y muchas emociones más. Enseñar a gestionarlas y a convivir con ellas los hará fuertes y apostará por su inteligencia emocional e integral.

Aplicando esto a la alimentación, es cierto que a veces, cuando de pequeños estamos tristes, nos damos un golpe o nos enfadamos se nos motiva erróneamente con comida. Y con comida nada saludable: dulces, golosinas y alimentos hipercalóricos. Y muchas veces, este hábito, adquirido desde la infancia lo llevamos toda la vida con nosotros.

Por ello, reflexionar sobre la importancia del hambre y de llevar a cabo una alimentación consciente, sana y equilibrada es tan importante. Y también lo es, desvincular emociones negativas con la alimentación compulsiva. El aprendizaje en la gestión de emociones es fundamental.

Comer por placer: “El picoteo”

Otro punto a tratar es el comer por placer. Muchas veces no tenemos hambre, pero sí apetencia por tomar algo entre comidas o también en cenas con amigos, y hablamos entonces del conocido “picoteo”. Una buena opción para sustituir los picoteos no saludables y con grasas, es hornear láminas muy finas de verduras de temporada, como pueden ser la zanahoria o el calabacín y guardarlos en pequeñas bolsas. Con esto, tendremos unos snacks caseros, muy saludables. Podemos hacer chips con kale y chirivía y luego especiarlas para darles nuestro toque original.

Como cada temporada tiene sus verduras específicas de temporada, os recomendamos comprar cestas de verduras pues además de cultivarse en la huerta de Valencia y alrededores, son de producción sin pesticidas químicos y siempre garantizan que van con los ritmos de la naturaleza.

Alimentos que nos aportan Triptófano

Hay alimentos que nos ayudan a paliar la ansiedad  y sentirnos mejor en determinadas situaciones. Y son aquellos que contienen triptófano, que es el precursor de la hormona serotonina, la cual puede generar placer y felicidad. Lo podemos encontrar en el chocolate, el plátano, kiwi, quesos, huevos, nueces…

Pero hay que tener en cuenta que aunque haya ciertos alimentos que nos pueden ayudar a sentirnos mejor, nunca será recomendable comer cuando se trata de hambre emocional. Puesto que nos llevará a aumentar inconscientemente la ingesta diaria de calorías, haciendo que comamos más de lo que necesitamos y volviéndonos dependientes de la emoción.

Ante el hambre emocional es mejor la gestión de la emoción.

Y ante el hambre real lo mejor es una dieta sana, ecológica, con verdura de temporada natural y equilibrada.

Decide, come, ama

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