El pasado puede formar más, o menos, parte de nuestro presente. Es una cuestión de foco e influye en nuestra salud.

Las personas que más me hablaron del pasado, a lo largo de mi vida, eran de la generación de mis abuelos. Y fue en alguna de esas conversaciones, cuyos detalles difuminados escapan a mi ansia de claridad, donde recuerdo haber oído: “Cualquier tiempo pasado fue mejor”.

La Máquina del Tiempo

viaje al pasado

fuente: libertaddigital.com

Siendo adolescente pensé que era excesivo. ¿El pasado fue mejor? Establecer dicha afirmación como creencia no era más que construir un camino con destino al dolor, ya que la vida es un viaje que, si bien puede tener paradas, va en sentido único. Debido a ello, nos fascina la posibilidad de movernos en el tiempo. Y mientras alguien trabaja en una solución tecnológica, podemos seguir utilizando una herramienta propia y siempre disponible para la aventura: La mente.

Viajamos con la mente. Visitamos otros lugares y otras épocas. Mientras el futuro tiene tantas opciones como una pareja de dados de caras infinitas, el pasado es evidente y robusto como una escultura de mármol. Sin embargo, eso no impide a la mente esculpirla y darle forma, pintarla y darle color, colocarla en un lugar donde “encaje”, o simplemente esconderla en el trastero, lejos de miradas ajenas…o incluso de la nuestra.

Pasado y Recuerdo

recuerdos del pasado

fuente: quo.es

El tren de tu vida ha parado en muchas estaciones. Algunas estaban prácticamente en ruinas. Carecían de luz. La humedad y el frío llegaban a lo más profundo de ti. Nadie sonreía. Las personas que encontrabas miraban al suelo, absortos en un mundo paralelo, huyendo de aquel entorno desapacible. Mirabas impacientemente el reloj que, estás segura, iba más lento que nunca. Pero tu tren llegó y continuaste tu camino.

En la siguiente parada encontraste una suave calidez que ya no recordabas. Intercambiaste una mirada que detuvo tus pasos. Te sentiste segura, elevada y querida. ¿Y el tiempo? Ni idea. No habrías podido asegurar si existía. Dejaste de percibirlo. Sólo volviste a mirar el reloj cuando un pensamiento te susurró que pronto llegaría el tren. Entonces rogaste que aquello nunca se convirtiera en pasado.

Almacenar el Pasado

Hemos aprendido a guardar momentos de la vida para poder tenerlos en un cajón y revivir esos instantes cuando nos apetezca. No es una práctica aleatoria. Cuidamos de los momentos que etiquetamos como únicos y positivos. Otros momentos desaparecen a través del cubo de la basura, se convierten en cenizas, o dejan un vacío en un espacio digital. El desequilibrio más común es limitar nuestra experiencia del presente debido a la necesidad de almacenarla para el futuro.

Vivir el Presente y Valorar el Pasado

Ningún otro tiempo puede ser vivido, si no es el presente. Esto no quiere decir que recordar el pasado sea negativo. Tampoco lo es mirar al futuro. Del pasado puedes aprender, encontrar pistas para tu presente, o simplemente disfrutar. El equilibrio en mi experiencia lo encontré al aprender a visitar el pasado, sin quedarme a vivir en él. Con el tiempo, sin embargo, es cierto que las visitas se han hecho muy esporádicas.

La complejidad de nuestro entorno aumenta y la cantidad de información nos intoxica y condiciona fácilmente. En el pasado quizá eras más fuerte y ágil, pero carecías de experiencia. Hace cuarenta años la educación superior era cosa de una minoría (especialmente entre las mujeres). Hoy en día se ha organizado un acceso universal (y las mujeres van por delante). Hace pocas décadas eran muy pocos los que se planteaban seguir una alimentación consciente y a guiarse por la necesidad, por encima del deseo. En este momento puedes encontrar decenas de iniciativas y opciones cerca de tu hogar y llevar una vida más equilibrada. ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?

Tu Trabajo Personal

pasado, presente y futuro

fuente: flickr.com

La meditación ayuda a deshacerse de la necesidad de modelar el pasado y abre puertas a la aceptación. Te permite sentir la vida de una forma más amplia y te libera progresivamente del esquema pendular del rechazo y el apego. Tu mente tiene un mecanismo de protección y expansión. Meditar te equilibra en tu capacidad de vivir y crecer sin perder el norte.

La habilidad para vivir el momento presente es un componente principal de la salud mental – Abraham Maslow (1908 – 1970)

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