¿ De que tienes miedo ?

Cuando conocí el miedo

Hoy me he decidido a escribir sobre el miedo, porque creo que es la mayor limitación a la que los seres humanos nos enfrentamos. Desde muy pequeña he sido muy miedosa. Conozco muy bien esta sensación, y he llegado a profundizar mucho en ella en mi proceso de autodescubrimiento personal. Es por eso que hoy me lanzo a escribir este artículo, por si a alguien puede servirle de ayuda mi propia experiencia y las conclusiones a las que yo he llegado.

He sido víctima de muchos miedos, imagino que como la mayoría de las personas. Recuerdo con nitidez el momento en el que aparecieron mis primeros temores: fue cuando falleció mi hermano pequeño, siendo un bebé, yo tenía tres años. Una edad en la que la mayor parte de las personas que me rodeaban pensaban que yo no era consciente de tantas cosas como en realidad era. Tengo más recuerdos de esta época de mi vida que la mayoría de las personas que conozco, en cambio, apenas recuerdo cosas de cuando estaba entre los 5 y los 10 años.

Aquello fue una desgracia para toda la familia, y en mi familia entró el dolor por la puerta para instalarse durante muchos años. Yo no entendía lo que había pasado, ni dónde estaba mi hermano. Imagino que intentaron explicármelo, eso no lo recuerdo. Lo que sí recuerdo es que por las noches comencé a soñar con Dios, con el cielo y con el infierno. Y aquel Dios que supuestamente se había llevado a mi hermano era una estatua de mármol fría, que descendía del cielo y se posaba sobre el suelo frente a mí. Yo me subía encima y le hablaba palabras de amor y le pedía que me dejara ver a mi hermano, pero aquella estatua se mantenía como tal.

Me recuerdo preocupada sin saber si las personas que estaban lejos habían muerto o iban a volver. En mi cabeza comenzó un verdadero caos entre lo que era y no era la muerte. A esa edad comencé a preguntarme sobre la existencia de Dios, y sobre lo que sucedía con nosotros cuando moríamos. Además mi padre era ateo, por lo que ni siquiera podía confiar en que realmente Dios existiera. Sentía muchísima tristeza pensando que mis padres tendrían que morir algún día, y verdadero pánico a la soledad que las muertes de los demás podrían llegar a suponerme. Fui creciendo, literalmente obsesionada con la muerte. Me convertí en una niña muy tímida y muy miedosa.

Como todas, esta es una historia muy larga como para contarla de una vez. En resumen, os diré que he sido tan miedosa como inquieta, y por suerte lo segundo prevaleció sobre lo primero. De alguna manera siempre me he sentido atraída por cosas que me daban verdadero pánico, y en muy pocas ocasiones he permitido que fuera el miedo quien decidiera por mí. Así que he sentido muchísimo miedo en mi vida, pero siempre he hecho lo que he querido. Para mí ha sido un gran triunfo personal haber recorrido ese sendero. He aprendido muchísimo en general, y concretamente sobre el miedo.

¿A qué le tenemos miedo?

Aunque el miedo es sólo uno, yo los he agrupado en tres tipos: los que según mi experiencia más nos limitan y los que abarcan a todos los demás.

1: El miedo a lo que piensen los demás

2: El miedo a que los demás se den cuenta de que tengo miedo

3: El miedo al miedo

Os voy a hablar un poquito de cada uno de ellos para que entendáis por que he hecho esta agrupación.

Hace muchos años, cuando comencé en mi búsqueda por mi bienestar personal, estuve en manos de varios psicólogos. En ese momento yo tenía una gran fobia social que me impedía llevar mi vida con normalidad. Me provocaba mucho sufrimiento. Uno de estos psicólogos me habló de dos tipos de fobias: las biológicas y las psicológicas. En las biológicas sientes miedo a que algo atente contra tu vida (fobia al agua, a volar en avión, o incluso a los ratones o las cucarachas); en las psicológicas lo que te asusta es que alguien atente contra tu identidad personal/emocional (como era mi caso con la fobia social).

Con el tiempo, lo que yo he sentido es que la mayor parte de las veces que sentimos miedo sin que haya un motivo real, (que tengamos un accidente, que estemos siendo agredidos o estemos en peligro por cualquier otro motivo que justifique el miedo), podemos clasificar la situación que estamos viviendo dentro de una de las tres que he indicado al principio.

¿Y por qué las clasifico?

Porque para mí ha sido de gran ayuda poder reconocer y entender mis miedos para poder enfrentarme a ellos, abrazarlos y relajarme. Y hoy comparto esto contigo porque quizás a ti también te ayude.

1. El miedo a lo que piensen los demás. 

Creo que este es un miedo universal al que en algún momento todas deberíamos enfrentarnos si realmente deseamos ser libres y vivir como deseamos. Éste, además de ser uno de los miedos más comunes, es uno de los miedos más negados. Muchas personas afirman que lo que opinan las demás no les importa, pero cuando nos miramos con honestidad y podemos llegar a comprender el alcance de este miedo, nos sorprendemos. Es impresionante ver cómo este miedo nos impregna a todos los humanos generando sociedades en las que los cambios se dan a un ritmo muy lento. Desde mi punto de vista, este hecho sucede por el poco conocimiento que tenemos de nosotras mismas, y el miedo que tenemos a ser quienes realmente somos por lo que el resto pueda pensar. Por debajo está nuestra necesidad de formar parte, de ser aceptadas. Nuestra necesidad de sentirnos amadas por las demás, aún a expensas de renunciar a nosotras mismas en muchos aspectos.

2. El miedo a que las demás sepan que tengo miedo.

Este miedo está estrechamente vinculado al anterior. Lo he separado porque me parece muy importante tomar conciencia de él cuando está sucediendo. Este es el miedo que aparece cuando tengo que poner límites a alguien y no me siento segura. Cuando tengo un enfrentamiento, una conversación que me afecta profundamente; o incluso cuando tengo que hablar en público. Yo lo he experimentado muchísimas veces. Estamos lidiando con toda esa batalla emocional que nos supone la situación a la que nos enfrentamos, y además tratamos constantemente de que esta batalla interna sea imperceptible para quienes tengamos delante, sentimos pánico a que los demás nos vean como personas débiles. Desde mi experiencia personal he aprendido que mostrar mi vulnerabilidad y mis emociones no me hace más débil, al contrario, estoy siendo honesta conmigo misma, y eso me permite actuar desde mi conexión conmigo misma y mi auto escucha, respondiendo a mis necesidades. Cuando nos movemos desde el orgullo podemos hacer/nos muchísimo daño.

3. El miedo al miedo

Este es, para mí, el padre de todos los miedos, y el que engloba a todos los demás la mayor parte de las veces. Es el miedo que decide por nosotr@s en un sin número de casos. Cuando decidimos no hacer algo porque nos da miedo, no dejamos de hacerlo por el miedo que nos da hacer ese algo, dejamos de hacerlo porque nos da miedo sentir miedo, y evitamos las situaciones que nos lo provocan. Si yo siento miedo a viajar en avión, y decido no viajar por ese motivo, realmente lo que estoy evitando es sentir ese miedo, no el propio hecho de viajar en avión. Como este ejemplo podríamos encontrar muchísimos. Yo, como profesora de danza, me encuentro con un montón de situaciones como esta. Personas a las que quizás les gustaría bailar, en público, o en simplemente en clases, y no lo hacen por vergüenza. El verdadero límite está en el miedo que sentimos hacia el propio miedo. El miedo no es más que una emoción, es cierto que en ocasiones puede ser muy intensa, pero a medida que te enfrentas a él disminuye y se hace más llevadero. Si nunca das este paso el miedo seguirá teniendo el control de muchos ámbitos de tu vida.

Pierdele el miedo al miedo y permítete ser quien eres en realidad, el mundo te necesita.

Espero que os haya servido tanto como a mí.

Abrazos.

Susana Tudela

Aclaración: Con el fin de utilizar un lenguaje inclusivo utilizo siempre el femenino haciendo alusión a “personas”.

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Bailarina y profesora de Danza del Vientre en Alicante. Facilitadora de herramientas de autodescubrimiento y transformación personal: Reajuste Vital, Constelaciones Familiares y Sanación Chamánica. Mi deseo es ofrecer a otras personas aquello que a mí me ha ayudado a transformar mi vida. Creo que tod@s deseamos un mundo mejor, y para ello necesitamos trascender nuestra propia revolución interior. Mi granito de arena ha sido crear La Revolución de Loto, con el deseo de poder acompañar a quien lo desee en el maravilloso proceso del autodescubrimiento y la realización personal.

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