LA FLOR DE LA VIDA

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La flor de la vida; ¿qué es? La flor de la vida es una figura formada por diecinueve circunferencias entrelazadas perteneciente la antigua geometría sagrada.

Es ésta una tradición milenaria de saberes herméticos que con el correr de los siglos y más en los últimos tiempos (era de Piscis) se viene difundiendo para evolución de las consciencias de las personas, y conectar así lo pequeño con lo grande, lo oculto con lo manifiesto, lo que es arriba (cosmos) con lo que es abajo (tierra), lo masculino con lo femenino, lo finito con lo infinito…, en múltiples interconexiones en las que los humanos sólo tenemos que asombrarnos, contemplar y aprender a reconocernos en nuestra esencia trascendente.

Orígenes de la flor de la vida.

En concreto, la figura que nos ocupa o flor de la vida, además de la plástica ornamental que presenta (parece que te hipnotizara por su hermosura y perfección), contiene una sabiduría antiquísima de un hondo sentido antropológico y cosmológico (como todos los mandalas o figuras geométricas de círculos y cuadrados principalmente y perteneciente a la tradición oriental: Tíbet, India, Bután…). Así pues, un aspecto sorprendente de este linaje sagrado y sapiencial es que lo encontramos tanto en Egipto como en el arte chino o hebreo, como en orfebrería chipriota y fenicia, como en motivos etruscos, o más tarde, en iglesias románicas y góticas (la flor de la vida con sus consustanciales vesica piscis y semilla o germen de la vida).

Difusión

Por otra parte, su divulgación se ha realizado sobre todo a partir de Drunvalo Melchizedek a finales del siglo pasado, y en estos últimos años por parte de Adreas Beutel y su reciente publicación “La flor de la vida en ti” (un breve y valioso compendio de estos conocimientos ancestrales). Dicha difusión transmite no sólo sabiduría, sino también beneficio espiritual y crecimiento personal, para las personas aunque éstas contemplen dicha figura geométrica sólo como ornamentación, ya que la energía de paz que expele no resulta indiferente para casi nadie.

Por último, si además de adquirir conocimientos sobre ella se aprende a dibujarla (lápiz, compás y papel) la implicación personal con este mandala aumenta y te acaba “enganchando”.  A los niños pequeños les encanta y les adiestra en la ejecución meticulosa y en el coloreado creativo: ¡qué buenas tardes de otoño e invierno, peques y padres, para alrededor de una mesa darle forma y color (vida) a esta hermosa y singular flor!

 

 

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