terapia bioenergetica

    A este último espécimen de vampiro energético consciente, le daremos aquí el nombre de Baltasar.
      La especialidad de Baltasar, era la de atrapar la atención de sus interlocutores relatándoles un sin número de anécdotas de su vida de un modo tan gracioso que incluso lograba que en muchas ocasiones estos últimos se destornillasen de la risa. Verdaderamente, era todo un espectáculo
    Baltasar vivía en una caravana en un camping, y era en el interior de la misma donde acostumbraba a pegarse sus propios festines energéticos a costa de los amigos que accedían a ir allí para fumarse un canutillo de marihuana, o como poco, para conversar un rato con él; amigos que, bajo el que era su más que absorbente influjo hechicero, acababan en muchas ocasiones quedándose completamente dormidos tras la ingente pérdida de energía vital correspondiente. Yo mismo me quedé roque en al menos una ocasión que recuerde, y vi hacer lo propio a un amigo que ambos teníamos en común prácticamente siempre que los tres nos reuníamos a esas horas en su caravana.
      Sin atisbo de duda, puedo afirmar que Baltasar era el vampiro energético consciente más avezado de los que he conocido.
       ¡Había que verlo en acción!
       Todo un espectáculo digno de la atención y energía que a cambio exigía.
     Cuando Baltasar estaba en su salsa, era un orador impecable que adornaba sus narraciones empleando llamativos tonos de voz y pausas estratégicamente estudiadas con las que, efectivamente, capturaba como nadie la atención de su público hasta dejarlo, literalmente hablando, vacío de energía.

Debido a la no menos intensa que continúa pérdida de energía vial sufrida por las víctimas de semejantes farándulas atencioenergéticas, más tarde o más temprano todas ellas terminarán siempre por comenzar a verse cada vez más privadas de su capacidad de iniciativa y reacción. E ignorando qué es lo que verdaderamente está provocando su creciente abatimiento, esperarán que sean los individuos que estén ejerciendo el rol de vampiros energéticos conscientes, quienes se hagan cargo de continuar tomando las riendas de la conversación; responsabilidad que, ni que decir tiene, estos últimos se cargarán a la espalda de muy buena gana, subidos en alas de la notable cantidad de energía vital ajena que, a estas alturas de semejantes reuniones entre “amigos”, ya habrían absorbido; aunque, eso sí, tan solo a modo de aperitivo. Pues, como ha de resultar evidente, es a partir de la llegada de este momento en el que la víctima comienza a sentirse privada de su capacidad de iniciativa, cuando a ésta no le quedan ya muchas más opciones, aparte de la que implica el terminar convertida en poco más que en una fuente de alimentación atencioenergética en manos del que quiera que, en cada caso en particular, sea su más que experimentado reclamador de atención.
     Una vez llegado éste el que, sin lugar a la duda, es el momento más crucial de una auténtica sesión de vampirazo, las sensaciones que comenzarán a sentir tanto la víctima como el vampiro, serán de una índole diametralmente opuesta; ya que mientras que la víctima irá sintiéndose a cada momento más apagada y adormilada, por su parte el vampiro se sentirá cada vez más lúcido y recargado de energía.
     Durante este proceso y, como consecuencia directa de la energía vital que la víctima estará transfiriendo sobre el vampiro, esta primera podrá constatar cómo la mirada y presencia del segundo, irán tornándose a cada momento ante sus ojos, más poderosas y resplandecientes; lo que a su vez contribuirá a aumentar la fascinación que, ya de por sí, estará sintiendo hacia él dado el influjo atrayente de sus artes hechiceras. Y es que cuando un individuo cae en las redes de un vampiro energético consciente, puede incluso llegar a sentir tal como si hubiese caído presa de alguna suerte de sortilegio hipnótico poderosamente sugestivo, que mantuviera su atención irremisiblemente anclada a la mirada, movimientos, y discursos de este último.
     El factor que de un modo más determinante, contribuye a que los individuos que sufren este tipo encerronas atencioenergéticas, experimenten la sensación de haber caído bajo el influjo de semejante sortilegio hipnótico, es el más que intrigante destello que, en no pocas ocasiones, los vampiros energéticos conscientes consienten que sus miradas dejen traslucir durante estas sesiones. Pues como estos últimos saben algo que sus víctimas no saben, a nadie debe de sorprender, más aun teniendo en cuenta que su principal propósito es la de atraer hacía sí mismos la mayor cantidad de atención posible, que una vez que entren en acción, consientan que sus miradas así lo reflejen para propiciar que sus víctimas se sientan instigadas a preguntarse qué es lo que en realidad está sucediendo.
     ¿Acaso es que me estoy perdiendo algo? ¿Acaso es que está intentando decirme algo más de lo que parece y no me estoy dando cuenta?
     No es, pues, de extrañar, dado el que es el influjo poderosamente cautivador que esta forma de mirar a otras personas tiene para las mismas respecto a quienes las miran, que los vampiros energéticos conscientes abusen de su empleo mientras disfrutan de sus festines atencioenergéticos hasta tal extremo de que, algunos de ellos, así sea de un modo más sutil o descarado, prácticamente no dejan de utilizarla en ningún momento. Pues aunque en unas condiciones normales, muchas personas podrían animarse a preguntar a quién las mira de esta forma que porqué las está mirando así, lo cierto es que cuando uno lleva ya un buen rato confiriendo su atención y transfiriendo su energía vital al que quiera que sea su vampiro energético en particular, raramente posee la capacidad de reacción necesaria para interrumpirlo formulándole una pregunta de semejantes características; ya que aun por encima, otra de las muchas preguntas que, con toda seguridad, se habrá estado haciendo al caer bajo el influjo de susodicha mirada, será la de: ¿no me estaré imaginando cosas que no son? Y, por supuesto, si ya de por sí, en unas condiciones de conversación equilibradas, cualquier persona se lo pensaría dos veces antes de emprender una iniciativa que pudiera exponerlo a una situación en la que pudiera ser tomado por bobo, o incluso por loco, mucho más difícil todavía habrá de resultarles hacer lo propio a quienes ya perdieron gran parte de su energía, y, consecuentemente, de su confianza en sí mismos; algo que, por supuesto, los vampiros energéticos conscientes saben de muy buena tinta.

Por norma general, estas sesiones de vampirismo cuyas engañadas víctimas consideran más bien reuniones entre “amigos”, terminan cuando estas últimas, viendo que ya no pueden ni con su alma debido al que a altas horas de la madrugada tienden a considerar un más que justificado achaque de cansancio, consiguen hacer acopio de las pocas fuerzas que les quedan, y consiguen encontrar la forma de incorporarse de sus asientos para, subsiguientemente, despedirse de sus ya más que satisfechos anfitriones y marcharse a dormir a su casa.

No cabe duda de que los vampiros energéticos conscientes, se lo pasan en grande cuando consiguen que sus víctimas les transfieran ingentes cantidades de su energía vital. Semejantes baños de energía los instigan a sentirse poderosamente revitalizados y harto confiados en sí mismos y en sus propias posibilidades. Y, claro, como durante estos procesos de absorción energética ajena, también consiguen que sus víctimas pasen un rato interesante… ¿Por qué tendrían entonces que sentirse en modo alguno culpables, o mal consigo mismos? ¿O es que acaso la gente no llega incluso a pagar dinero por acudir a espectáculos esencialmente similares en los que igualmente termina transfiriendo su energía vital sobre sus intérpretes?
     A nadie debe de extrañar, pues, que siguiendo esta línea de razonamiento, los vampiros energéticos conscientes lleguen a considerarse a sí mismos como un exquisito regalo ––ya que ni tan siquiera cobran entrada a cambio de sus “espectáculos”–– para las víctimas de sus reclamos de atención.
     Desde luego que, visto de esta manera, tal y como, efectivamente, acostumbran a conseguir que sus víctimas lo vean, los vampiros energéticos conscientes no tendrían de qué preocuparse; sus conciencias podrían descansar tranquilas. Sin embargo, lo cierto es que éste es tan solo un muy limitado ángulo de visión que dichos individuos emplean para autoengañarse y justificar sus actos, y evitarse así el reconocimiento de las implicaciones negativas de los mismos.
     La primera de estas implicaciones es, por supuesto, la que entraña su inevitable desarrollo de un elevadísimo nivel de adicción a la energía vital ajena.
     Otra de estas implicaciones, es la que también entraña el que es su inevitable desarrollo de sentimientos de superioridad con los que se acostumbran a hinchar o alimentar sus egos, debido a la facilidad con la que, aprovechándose de la ignorancia ajena, manipulan y dirigen a su antojo la atención y energía de quienes se interrelacionan con ellos.
      Si embargo, la más preocupante de las implicaciones negativas que conlleva el convertirse en un vampiro energético consciente, es la que entraña el que estos individuos, se vean obligados a negarse a sí mismos la posibilidad de desarrollar vínculos equilibrados y auténticamente honestos con otras personas; puesto que, como ha de resultar evidente, siempre que quieran continuar disfrutando de la posibilidad de pegarse semejantes festines a costa de la energía de los que, no nos olvidemos de ello en ningún momento, acostumbran a ser sus mejores amigos y demás seres más allegados a ellos, necesitarán mantenerlos completamente ajenos a sus teje manejes atencioenergéticos.
     Los vampiros energéticos conscientes quieren creer que son más listos que los demás, porque saben cómo manipularlos para correrse juergas a costa de su energía vital y demás sentimientos de asombro o fascinación que consigan inspirarles. Pero de lo que no se dan cuenta es de que, intuitivamente, todos los seres humanos percibimos cuándo alguien nos está ocultando algo de semejantes características, y que de un modo u otro esta percepción nos inspira sentimientos de desconfianza y distanciamiento hacia ellos que nos impiden llegar a considerarlos amigos o personas verdaderamente importantes en nuestra vida. Por lo que, en definitiva, lo que estos individuos se pierden por dejarse llevar en alas de su egoísmo, es algo mucho más preciado que aquello que ganan.

Fernando Vizcaino

 

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