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El circuito olfativo (olor-nariz-cerebro)

Como comenté en entradas anteriores el olfato es un sentido muy poco conocido, hasta donde sabemos en estos momentos, el olfato parece comportarse como un sentido químico. De hecho, según los conocimientos actuales, fue el primer sentido, el primer sensor empleado por los primeros organismos vivos para relacionarse con el entorno. Sería entonces el sentido más primitivo, el sentido por excelencia, que ha sido relegado al último lugar por nuestra sociedad que da la espalda a la Madre Naturaleza.

Cuando las moléculas de una sustancia aromática se volatilizan, se evaporan, y se ponen en contacto con la mucosa olfativa, que engloba las terminaciones del nervio olfativo, produciéndose una sensación olfativa, una percepción de una señal exterior (a veces increíblemente diluida a pesar de nuestro olfato muy poco desarrollado en comparación con el de los animales) que a través del nervio olfativo pasa hacia aquella parte del cerebro humano llamada “cerebro de reptil” o “reptiliano”, según esta teoría evolutiva, el primero que se desarrolló y que controla la parte instintiva de la vida y los comportamientos ligados a la supervivencia. Las reacciones que se producen carecen de consciencia, carecen de emoción. Está en la base del cráneo, la componen la formación reticular o reticulada, que mantiene el nivel de vigilancia, el cuerpo estriado que controla la defensa del territorio y la actitud dominante y el hipotálamo, la región del cerebro más importante para la coordinación de conductas esenciales, vinculadas al mantenimiento de la especie como la alimentación, ingesta de líquidos, apareamiento y agresión. Si hay algo particularmente común y universal en el uso de aromas por parte del ser humano es aquello que tiene que ver con la seducción, la atracción sexual y la reproducción, en ello se basa prácticamente todo el enfoque de la perfumería moderna que mueve miles de millones de dólares anualmente en todo el mundo. Pero también hay aromas que nos hacen estar más atentos y concentrados (limón, menta piperita, etc.) y que usamos desde la Psicoaromaterapia, por ejemplo, para mejorar la retentiva, la memoria y el rendimiento intelectual o escolar de forma inocua y sin efectos secundarios para la salud de quienes los respiran.

La siguiente zona del cerebro, conocida como “sistema límbico”, regula todo lo que tiene que ver con las emociones y el placer. Nos permite adaptarnos mejor al medio y crear vínculos y sinergias con los demás (a diferencia de los reptiles, mucho más individualistas) y está compuesto por el hipocampo, lugar desde donde se administra la memoria afectiva, la amígdala –emociones, puntos de referencia-, el septum –afectividad y sexualidad- y los cuerpos mamilares –comportamiento parental-.

En efecto, hay olores que nos conectan con recuerdos ligados a emociones y sentimientos de amor, de alegría (o lo contrario), olores que nos abren la compasión y el instinto maternal y paternal (el olor de un bebé, aunque no sea el tuyo) y olores que nos activan tanto el deseo sexual como las ganas de contacto y afectividad (el mejor suele ser el de la persona amada, o si alguien despierta profundamente ese deseo en otra persona a través de su olor, es porque hay una afinidad química que tiene que ver también con otras afinidades y que se “capta” a través del olfato).

En este sentido, yo no estoy de acuerdo con las vulgarizaciones y generalizaciones sobre “aceites esenciales afrodisíacos” y demás, ya que no para todo el mundo el mismo aroma tiene dicho efecto, como he podido constatar en muchos años dando clases de aromaterapia a personas muy variadas. Las cosas no son tan simples como dicen algunos libros: el Ylang-Ylang no es afrodisíaco para todo el mundo. Sin embargo, si es muy fácilmente observable lo que despiertan en la mayor parte de las personas los aromas naturales de vainilla y canela.

La última zona del cerebro (córtex o neocórtex) es la más moderna y relacionada con el razonamiento, el lenguaje, lectura, lógica, etc. Todas las señales exteriores recogidas por los sentidos, se dirigen hacia el neocórtex hacia la consciencia, el análisis la localización y la integración de dicha información, de una u otra manera. Esa información se compara con la del sistema límbico (beneficio/perjuicio, placer/dolor). Después, la información acaba en el cerebro reptiliano, en el hipotálamo que dará la orden de actuar: huída, ataque, defensa, alimentación, reproducción, etc.

De todas las informaciones que llegan al cerebro desde los sentidos, sólo el olfato y los olores tienen el poder de entrar directamente y sin filtro ni control alguno en el sistema límbico. Los olores actúan incluso antes de ser percibidos conscientemente. Este punto ha sido aprovechado comercialmente para perfumar subliminalmente (es decir, por debajo del umbral de percepción consciente) productos que quieren venderse. Las personas, inconscientemente, elegimos mayoritariamente aquellos productos que están perfumados, aunque no nos huelan a nada conscientemente, en el lineal de un supermercado. Para los aromaterapeutas y psicoaromaterapeutas, esto supone una agresión, una invasión y un abuso, pero es una práctica comercial perfectamente legal.

En cuanto a las implicaciones y aplicaciones prácticas de el funcionamiento de los aromas naturales en nuestro cerebro y conducta, pequeñas diluciones de aceites esenciales escogidos personalmente y bien seleccionados para la persona que los necesita en ese momento concreto de su proceso personal, pueden proporcionar beneficios y soporte emocional muy importantes con una sencillez y economía sorprendentes.

Colaboración de: Enrique Sanz Bascuñana.

Siguiente entrega: 26 de Junio.

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