Mucho se está hablando durante estos últimos días del temido virus del ébola, ese que está causando miles de muertos en la población africana y que mantiene en alerta al resto del mundo. Pero en realidad, mas allá de sus vías de contagio, sus síntomas y la alarma social generada, poco sabemos de su origen. Una de las opciones mas consistentes que se manejan, es la de su posible origen “ecológico”.

Parece ser que ya en el 1967, llego a Europa desde Uganda un cargamento de chimpancés destinados a la investigación. Las personas que trabajaron con ellos lo hicieron sin tomar precauciones especiales y a los pocos días comenzaron a manifestarse los primeros síntomas. En aquel momento le dieron el nombre de virus marburgo.

En el año 1976, un virus muy similar al marburgo, apareció en Sudán y en la República Democrática del Congo (RDC). Parecía estar relacionado con los murciélagos y se descubrió que también infectaba a los monos que allí vivían. Y ahora si, se le llamó ébola y resultó ser uno de los virus mas letales de la naturaleza.

En África decían que un espiritu maligno se adueñaba del cuerpo de los que padecen esta enfermedad, debido a las convulsiones que les provoca la fiebre.

Y en la actualidad, según la revista “Science” se baraja que este último brote nació de un chamán. Según parece, el chamán estuvo intentando curar a un niño de 2 años que padecía Ébola y realizó rituales con la sangre, produciendo así el contagio.

¿Dónde se esconde el Ébola?

Se sigue intentando localizar al ‘paciente 0’ del Ébola, barajando varios lugares, uno de ellos es una cueva muy concreta la Cueva Kitum (de la cual hay una réplica en el Bioparc de Valencia). Esta cueva se encuentra en la Reserva Nacional del Monte Elgon, en la frontera entre Uganda y Kenya, su principal atraccion es una serie de cuatro cuevas. La misteriosa cueva de Kitum, es la mas profunda de ellas y se extiende 200 m en el corazón de la montaña. Su nombre significa en Maasai, “Lugar de Ceremonias”. Está constatado que en 1980 falleció por el virus  un hombre que había visitado la citada cueva.

Los miles de murciélagos que habitan en esta cueva son portadores del virus del Ébola y lo transmiten a través de los excrementos. Los científicos han observado que a los murcielagos no les afecta, pero sí que son los transmisores. Durante el día permanecen dentro de la cueva y gotean constantemente excrementos con y sin Ébola (pues parece que no están todos infectados), y cuando por la noche salen de la cueva hacen lo mismo en la selva. El animal que come el fruto o la hoja con excremento infectado se contagia de Ébola.

A partir de aquí, el resto del proceso de contagio es fácil, los habitantes de la zona matan animales para comer, algunos de ellos con el virus, propagando así el letal y temido ébola.

 

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