Toda forma de reclamación atencional de índole vampírica, responde siempre a impulsos egocéntricos y, por consiguiente, egoístas.

       Básicamente, el egocentrismo es una forma de conducta que los seres humanos desarrollamos para encubrir nuestras heridas “psicoafectivoenergéticas”; siendo esta última la razón por la que podemos estar seguros de que siempre que de una u otra forma buscamos convertirnos en el centro de las miradas ajenas, es porque nos autocompadecemos de nosotros mismos ––independientemente de que lo hagamos consciente o subconscientemente––. Sentimos que nos falta algo y, dada la que es nuestra mala educación, creemos que los demás pueden brindárnoslo.

       Nos acostumbramos a llamar la atención de nuestros semejantes valiéndonos de innumerables ardides o formas de reclamo atencional para así tratar de desarrollar sentimientos de “ser tenidos en cuenta”, que utilizamos para alejar de nuestra conciencia bien sentimientos de vulnerabilidad y rechazo hacia nosotros mismos, o de desplazamiento atencional ––rechazo hacia nosotros mismos proyectado en los demás––. Si bien como a través de la atención viaja la energía vital y/o sentimental de aquellas personas que nos la confieren, sucede que en la misma medida que nos dejamos llevar por nuestros impulsos egocéntricos, desarrollamos siempre un mayor o menor grado de adicción a las sensaciones de placer que dichas transferencias energéticas nos ocasionan; de tal manera que aunque nuestra intención original sea siempre la de tratar de compensar los que quiera que sean nuestros sentimientos de vacío o desamor, finalmente también albergaremos la de continuar beneficiándonos de los incrementos que, siguiendo estos derroteros, iremos acostumbrándonos a sufrir en nuestros niveles de energía vital y/o sentimental; unos incrementos que, tal y como ya fuimos viendo en capítulos anteriores, siempre se producen a costa del detrimento de los de nuestros abastecedores “atencioenergéticos”.

       Egocentrismo y vampirismo son, pues, un mismo todo en esencia indivisible. Y, dependiendo de qué formas de atención o energía pretendamos obtener ––así sea consciente o subconscientemente–– mediante el empleo de nuestras reclamaciones atencionales “egovampíricas”, bien procederemos  a la práctica del vampirismo puramente atencional; del vampirismo por adhesión; del vampirismo sentimental; del vampirismo afectivo; o del vampirismo sexual.

       Prácticamente cualquier forma de reclamación atencional de índole egovampírica, podrá ser incluida en alguna ––sino es que en varias–– de entre estas últimas las que son las cinco modalidades básicas del vampirismo que, subsiguientemente y a lo largo de los próximos capítulos, procederemos a estudiar  minuciosamente; un análisis que nos permitirá comprobar que no todas las formas de reclamación atencional egovampíricas son ni mucho menos tan evidentes como las que acostumbran a emplear los pesados ––de los que ya tuvimos ocasión de hablar con anterioridad––, o los showmen; es decir, los vampiros puramente atencionales por excelencia.

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