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La importancia del olfato como elemento clave para  la construcción de la personalidad y el psiquismo.

Avalado por recientes descubrimientos científicos se sabe que los bebés comienzan a tener sensaciones olfativas alrededor de la semana 30 del embarazo, facilitadas por el líquido amniótico. ¿Tal vez se pueda demostrar en el futuro que sea antes de esa fecha? En cualquier caso, todos los aromas que envuelven a su madre y que tienen que ver con sus gustos y preferencias , son recibidos y registrados por el bebé y formarán parte de su universo olfativo posterior, con aromas agradables y desagradables, que en otras personas serán completamente distintos: lo que a uno agrada a otro repugna y viceversa. También es sabido que los bebés reconocen a su madre por el olor. Estamos hablando pues de un sentido de una importancia y trascendencia que comenzamos ahora  a reconocer  y del que todavía ignoramos muchísimas cosas.

Estamos en una sociedad con una enorme cantidad de prejuicios en cuanto al olor corporal de cada persona (digamos “aroma personal” más concretamente, que en las sociedades occidentales modernas no es apropiado ni admisible) cuestión que tiene que ver con una visión del mundo mas correspondiente a  la época victoriana, en la que el olfato era considerado como un sentido “menor”, “inferior” y propio de seres humanos “incivilizados”, “salvajes” y “razas inferiores”, (ya que el ser humano natural usa y disfruta de este sentido, además de tenerlo mucho más desarrollado que el ser humano urbano), lo realmente evidente es que cada persona tiene un aroma que su cuerpo exhala y que es único e irrepetible, digamos que sería su “esencia personal”.

Hagamos una reflexión sobre este punto y observaremos que de no ser condicionados desde niños, los olores corporales y otros olores no son ni agradables, ni desagradables, depende de lo que nos enseñen sobre ellos. Como se demuestra hoy en día en culturas diferentes, para las cuales nuestros aromas son nauseabundos y viceversa.

Veamos esta realidad en un ejemplo práctico, simplemente imaginemos a aquella persona que conocemos y cuyo olor es tan intenso y desagradable para su entorno, y analicemos cómo se le trata (laboral y personalmente). ¿Podríamos decir que una cuestión “tan poco importante” como el olor, es capaz de hacer que la vida de una persona cambie drástica y dramáticamente? La respuesta es: SI.

Muy bien, me gusta siempre poner ejemplos extremos “negativos” porque son más fácil de recordar y visualizar las sensaciones producidas por los olores muy desagradables que los olores agradables, pero en Psicoaromaterapia y en Aromaterapia en general, no trabajamos con olores desagradables, sino mas bien todo lo contrario. A los olores agradables les llamamos “aromas” y buscamos el como los aromas agradables del mundo vegetal nos ayudan a vivir mejor. Pero los que nos resultan desagradables también son útiles: oler una comida en descomposición puede evitarme una intoxicación, y el olor de algunos productos químicos, un envenenamiento o la asfixia, etc.

¿Qué pasa cuando un “aroma” (agradable) para alguien resulta desagradable? Según mi experiencia, este tipo de situaciones responde a conflictos y traumas inconscientes. No soy capaz de recordarlo conscientemente, pero en mi memoria queda registrado absolutamente todo lo que he vivido, y eso se activa de forma inmediata en cuanto en mi campo energético y mi cerebro, el aroma (vibración-energía-información) conecta con el recuerdo correspondiente por afinidad (información-energía-vibración), produciendo una respuesta inmediata de rechazo como protección (inconsciente) ante un recuerdo y emoción que no he podido digerir o asimilar y que me hace daño. De esta manera la Psicoaromaterapia, tal y como la practicamos, sirve entonces también para conectar con asuntos pendientes ligados a recuerdos-aroma, que con el adecuado trabajo de seguimiento psicoterapéutico, pueden resolverse de un modo más sencillo y menos traumático que con ciertas técnicas catárticas.

El olfato como elemento en la espiritualidad y trascendencia humanas.

Para mí,  los aceites esenciales contienen algo mágico en varios sentidos, pero uno de los que más me llama la atención es la facilidad con que ayudan a “elevarse” y a conectar con una visión superior de las cosas. No es casual que desde el origen de los tiempos, todas las culturas, hayan empleado los aromas de ciertas plantas en sus rituales y ceremonias espirituales y religiosas. No me cansaré de repetir que, desde mi punto de vista, los antiguos no tenían ni un pelo de tontos –contrariamente a lo que actualmente de forma pedante e irrespetuosa se suele considerar-, eran eminentemente prácticos y todo lo que hacían también tenía una utilidad práctica. Si se usaban resinas como el incienso (Boswelia carterii) en nuestra cultura y en Oriente Medio o el copal (Bursera copallifera) en Mesoamérica, era en busca de un propósito muy definido y por una eficacia muy superior a la de otras plantas: conectar con la divinidad y complacerla. Si nos permitimos experimentar (en lugar de leer y juzgar sin haber olido y menos sentido un aceite esencial, como hacen muchas personas) por ejemplo, el efecto de estas dos resinas en un contexto de trascendencia y espiritualidad humanas, comparándolos con el efecto de otras sustancias aromáticas, comprenderemos el porqué se usan tanto.

Es muy agradable visualizar la columna de humo de una barra de quemar (mal llamada “incienso”, el incienso es un árbol y su resina es la que se quema, no todas las barritas llevan esa resina y casi ninguna de ellas es totalmente natural actualmente). El humo (“perfume” viene del latín “per fummum “que significa “a través del humo”) y como ese humo denso, al principio, se va haciendo cada vez más sutil a medida que sus moléculas se van separando y disolviendo en la atmósfera hasta desaparecer. Hace unos segundos tenía una sustancia material, dura, aromática, mesurable, en cuanto arde, se transforma en una sustancia más sutil, mucho más aromática e invisible. Lo material y visible, pasa entonces al reino de lo inmaterial e invisible. La materia en este caso, ayuda a transportar al reino de lo inmaterial nuestra conciencia de las cosas. Por eso ciertos aromas nos transportan o nos ayudan a entrar en estados de meditación o de conciencia expandida.

Un aceite esencial es exactamente igual, pero mucho más especial. Los aceites esenciales son sustancias con una composición química muy compleja y potente y propiedades físicas mesurables. Dicho de otro modo, tienen una composición material sobresaliente, no son diluciones homeopáticas al estilo de las Flores de Bach –aunque en algunos ámbitos confunden Terapia Floral y Aromaterapia, no es lo mismo-. Esa composición química sobresaliente, de moléculas aromáticas con propiedades farmacológicas demostrables, sin embargo, también es muy susceptible de realizar el viaje de lo material a lo inmaterial, de la Tierra al Cielo, si se me permite la expresión un poco poética, de una forma mucho más rápida y dramática que las plantas y barritas que se queman. Sin necesidad de fuego alguno, simplemente abriendo el pequeño envase que los contienen, comienzan a evaporarse (son muy volátiles) y de esa manera tan rápida, penetran en nuestras fosas nasales y actúan en zonas del cerebro que tienen que ver con emociones, recuerdos y cuestiones ligadas a la supervivencia (reproducción-atracción sexual, activación frente a peligros –ataque o huída-, alimentación –correcto o tóxico-, etc.) Esto desde el punto de vista más material. Pero observado desde el punto de vista más sutil, realmente conectan con zonas del cerebro que tienen que ver con la trascendencia (qué soy, quién soy, de donde vengo, adonde voy, qué sentido tiene la vida, qué lugar tengo en este Universo, etc.). Esto tiene todo que ver con la espiritualidad, ya que la espiritualidad no deja de ser una visión de la realidad de niveles energéticos más allá de los sentidos físicos.

El aceite esencial pasa de lo material a lo inmaterial, de lo burdo a lo sutil, pero si nos fijamos es la misma sustancia en diferentes estados. Por eso, permite que nuestra conciencia de lo que somos, cuando está instalada en lo burdo y limitado, se pueda mover hacia lo sutil, ligero y amplio, lo ilimitado. Sin embargo, si nos fijamos también, es la misma conciencia en diferentes estados…

Para las personas que tengan problemas con la espiritualidad y la religión, tal vez un lenguaje más moderno que tenga que ver con la energía y sus diferentes manifestaciones y estados, pueda resultar más asequible y comprensible. El fondo del mensaje es el mismo, la terminología empleada diferente.

Colaboración de : Enrique Sanz Bascuñana

Siguiente entrega  día 18 de Junio.

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