Moda y naturaleza ¿Amor e inspiración o toxicidad y dependencia?

Dice el exitoso emprendedor Gunter Pauli, autor del libro La Economía Azul, libro con el que no solo inspira la creación de nuevos y sostenibles negocios sino que además aporta soluciones para el gran problema de las desigualdades sociales, que su mayor inspiración es la naturaleza.

Pero parece ser que más que de una inspiración, fue de una necesidad que surgió la relación entre moda y naturaleza que en los últimos siglos se ha vuelto de lo más complicada. Fue nuestro antepasado el homo sapiens, quien se dio cuenta que podía utilizar las pieles de los animales que cazaba para protegerse del frío. En el Neolítico ya el hombre había observado y aprendido que podía hilar y tejer fibras naturales. Los egipcios vestían con ropajes de lino y algodón, los asirios y sumerios usaban vestidos de lana y se cree que la seda natural se conoció y empezó a emplearse en China allá por el 4000 a.C.

Aunque exiten pruebas de que ya se teñian prendas en el Neolítico, los creativos Persas, tintaban sus ropas de colores llamativos y comenzaron a decorarlas con círculos, estrellas y flores blancas, amarillas y azules.

Vestimentas de algodón y lino en Egipto

En el continente americano, en la época precolombina, el pueblo llano usaba telas de lana de alpaca y los nobles lana sedosa de vicuña.
Los Incas fueron pioneros en la donación de ropa usada llegando incluso a organizar intercambios de ropa, algo así como las «swap parties» actuales o fiestas de intercambios de ropa. También estos, manufacturaban sandalias con cuero de cuello de llama, portaban accesorios hechos con plumas de ave Korekenke y placas metálicas de lo más refinadas.

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Bolso reversible de lino de Marina Sibajas Upcycling

Sin lugar a dudas, los más visionarios y sofisticados parece que fueron los pastores de Suecia y Dinamarca, de entre los siglos III y I a.C. pues hay pruebas de que portaban ropajes con el estampado inspirado en la forma de los dientes de los perros y que conocemos en España como «pata de gallo», o en inglés, «houndstooth» (diente de perro). En una turbera de la ciudad de Gerum (Suecia) se encontró una capa con este estampado que data de entre el 360 y el 100 a. C. También en Dombeck (Dinamarca) se encontró una prenda con dicho motivo en lo que era una zona de pastoreo.

También las flores han sido fuente de inspiración para tejedores, artistas y bordadores, gracias a las imágenes de los libros de botánica, a partir del siglo XVII. Con la llegada del siglo XVIII, la visión que se tenía de la naturaleza se volvió aún más exhuberante y el romanticismo trajo consigo una nueva exaltación de las flores que se prolongó a lo largo de todo el siglo XIX.

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La Revolución industrial : El gran cambio

Cuando las personas comenzaron a trasladarse del campo a la ciudad por la necesidad de mano de obra, fue necesario un cambio de ropas. Las mujeres pasaron de utilizar las poco prácticas e inflamables crinolinas para dar paso a las faldas más delgadas.

El maquinismo exigió una importante inversión de capitales. La burguesía hasta ese momento había invertido en bancos y comercio pero vio un importante negocio en producir a bajo costo y en grandes cantidades. La burguesía industrial puso fin de esta forma a los pequeños talleres artesanales y dichos artesanos tuvieron una sola opción: cerrar su talleres y trabajar para esas fabricas a cambio de un sueldo muy bajo y unas duras condiciones laborales.

Como resultado, se produjo un aumento de la productividad y disminución de costos, se crearon nuevas necesidades de consumo, surgieron nuevos canales de ventas y de distribución como el ferrocarril, y el algodón y la lana se procesaron. Por otro lado, se produjo una mayor accesibilidad a las prendas, un dinamismo de tendencias y hubo más variedad pero también nació el individualismo, el consumo y se disparó la contaminación.

Desde entonces, durante 200 años, las emisiones de CO2 a la atmósfera, no han dejado de crecer. La industria de la moda es la segunda más contaminante del planeta y este es sin duda alguna el momento más importante de nuestra existencia como especie. De nosotros depende nuestro futuro y el de la Tierra.

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Pendientes de 1875 con cabezas de pájaros disecados.

¿Y ahora qué?

Desde propuestas sencillas como remendar la ropa, comprarla de segunda mano o no lavarla tan a menudo, al desarrollo de tejidos tan innovadores como la “fibra de naranja », el «piñatex» (cuero ecológico de piña), o “la seda de araña”, entre otras, son muchas las innovaciones existentes hoy en el mercado. Cada vez es mayor el número de diseñadores y consumidores que toman conciencia y se están haciendo progresos, aunque el proceso sea lento. La sostenibilidad está en el centro del debate y los grandes conglomerados de lujo están reevaluando su posición en él.

No cabe duda que mucha de la ropa que vestimos refleja nuestro amor por la naturaleza pero a la vez, la moda depende de ella para obtener sus materias primas.


Top estampado de la marca de moda sostenible Mama Kitenge

¿Qué aprendizaje podemos sacar de la historia? ¿Son los consumidores conscientes que el ser humano es también parte de la naturaleza?

Dijo el gran físico estadounidense Richard Feynman que para lograr un éxito tecnológico, la realidad debe estar por encima de las relaciones públicas, porque la naturaleza no puede ser engañada.

Una pandemia reciente ya nos lo ha recordado, seamos honestos con nosotros mismos, con la naturaleza y solo así construiremos un mundo más justo y más responsable.

Marina Sibajas Upcycling Handmade

Asociación Española de Moda Sostenible

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