La felicidad es posible si no la Interrumpes

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En mi entendimiento conviven muchas definiciones de felicidad entre las personas. Por cada sociedad y por cada condicionamiento individual aquello que es la felicidad puede variar. Sin embargo, en todas esas definiciones sí que se puede reconocer como rasgo de la felicidad un denominador común en todos los casos; un estado de bienestar que puede ir desde la paz y la alegría más tranquila hasta el gozo o el júbilo más exagerados. A largo plazo una vida feliz sería una vida con una media alta de esos momentos. Pero ¿es eso la felicidad?

¿Qué es la felicidad?

Hemos oído hablar en muchas ocasiones que la felicidad en sí misma como “una vida feliz”, no existe, sino que solo hay momentos de felicidad. Esto tiene una explicación. Cuando trabajas con muchas personas te das cuenta de algo: los seres humanos reconocen la felicidad en esos momentos donde aquello que les sucede coincide con lo que les gusta y con sus expectativas. La felicidad no se reconoce como tal cuando las cosas que ocurren en cada momento no coinciden con aquello que les gusta o no coinciden con lo que ellos esperaban.

Y, claro, parece ser que no siempre ni en todo momento las cosas ocurren como esperábamos ni tampoco ocurre siempre lo que nos gusta y menos aún, cómo nos gusta y cuando nos gustaría. Eso lo vemos en nuestra vida y en la de los demás. Cuando ocurre lo esperado, estamos bien, felices. Cuando no ocurre, estamos mal. Y claro, aquí no incluyo cuando un ser querido, fallece. Sino que hablo de la felicidad en el transcurso de la cotidianidad y “normalidad” de vida.

Ese estar mal puede perpetuarse por la falta de aceptación y la falta de una comprensión más allá de nuestro propio criterio subjetivo condicionado, acerca de cómo suceden las cosas. Se puede perpetuar tanto que puede condicionar una vida entera. ¿Por qué ocurre eso? ¿Acaso científicamente está garantizado que en la vida puede ocurrir todo según lo esperado y deseado?

Si no es así, en el caso hipotético más extremo, aunque nunca ocurriera ni viviéramos la vida que nos gustaría según nuestra mente y anhelos, ¿existiría la posibilidad de ser felices? ¿De qué depende la felicidad en realidad? ¿La felicidad debe depender del resultado y de las condiciones que nosotros le ponemos a la vida para serlo?

La felicidad como la conocemos en esta sociedad parece estar asociada al “conseguir” y al “tener”; la pareja ideal, un estatus, muchos likes, hijos, casa, coches soñados, puestos de trabajo específicos, ascensos, pero también conseguir las respuestas de los demás que esperamos, tener su aceptación y su reconocimiento constantes, esperar que hagan lo previsto o lo “correcto” según nuestro criterio, que se cumplan todas las expectativas de cómo los demás deberían ser y cómo deberían actuar para complementarse con nosotros mismos y un largo etc. A la vez, alguien ahí fuera, o más bien todos los demás, están esperando exactamente lo mismo de nosotros y de otros, pero con un criterio y condicionamiento muy distintos.

¿Qué es el criterio?

El criterio es el conjunto de valores y conceptos desde los que interpretamos lo que percibimos, respondemos, elegimos, decidimos, criticamos, halagamos, solucionamos y actuamos, perdonamos o no, etc. Pero ese criterio, esos valores ¿son igual en cada uno? ¿Ese criterio tuyo subjetivo es el más completo y útil para acertar, responder o encajar en la vida? ¿Lo hemos puesto en duda alguna vez por si acaso? ¿Se puede mejorar? ¿Se debe mejorar? ¿Cuál es el criterio de la vida?

Uno debería Ser feliz, no Estar Feliz. Estar feliz se ha asociado a las circunstancias y a los resultados. Sin embargo, uno nace feliz, es feliz y con el tiempo debido al criterio adoptado, fruto del trato recibido, lo aprendido o inculcado, los pensamientos, las experiencias negativas y el condicionamiento,  esa felicidad se va interrumpiendo.

Pero si hoy ves esto, si uno se da cuenta de la trampa del criterio, algo puede cambiar. ¿Hay algo que uno no sepa, esté ignorando, y que podría cambiar su relación con la vida?  

Tu puedes SER feliz

Uno no es sus pensamientos ni sus conceptos, tampoco sus ideas ni sus conclusiones, menos aun sus expectativas ni sus reglas, todo eso es aprendido y concluido. Uno mismo es quien puede modificar, complementar, erradicar, alterar, influir o permitir y confirmar ese criterio subjetivo. Una cosa es la personalidad y mentalidad y otra distinta quien permite, acepta, amplia, elimina o cambia esa mentalidad y personalidad: tu Ser, tu consciencia. Uno puede incluso en pocos días des-condicionar el criterio que impide la reconciliación con la vida tal y como es.

Tu Ser tiene un gran potencial, quizás no del todo explorado por ti mismo. Tu puedes ser feliz, si dejas de interrumpirlo desde tu criterio subjetivo. Existe una verdad acerca de lo que eres y puedes o no puedes hacer. La reconciliación con la verdad de quién eres y no quien crees ser, te da acceso a la felicidad posible que siempre ha estado ahí.

No va de hacer cosas y conseguir cosas para ser feliz sino de ser feliz para conseguir cosas, aceptar y hallar lo que sea desde ese estado de felicidad. La vida es más bien un reto, no una garantía. Es una oportunidad, no una condena.

Si inviertes en tu propia frescura, reorganización de valores, inteligencia, objetividad, amplías la capacidad de responder mientras abandonas la reacción del criterio subjetivo, la felicidad es posible porque dejas de ser quien la interrumpa.

Silvia Cantos Pi

Biografía de Sílvia Cantos Pi 

  • Autora del libro Verdad Objetiva y el Ser Humano,
  • Facilitadora de Procesos de Introspección Personal y Comunicación Objetiva desde hace 15 años.
  • Mentora de Programas de liderazgo y de Cultivación Interior.
  • Fundadora de la Escuela de Transformación Interior Verdad Objetiva.
  • Instructora de Meditación Reflexiva y Contemplativa y Hatha Yoga Clásico

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