Movimiento slow: claves para un ritmo de vida lento

¿Qué es el movimiento slow?

Lo que hoy conocemos como movimiento slow (movimiento lento), inicialmente comenzó de la mano de la gastronomía (slow food) ya que nos dimos cuenta que corríamos tanto en nuestro día a día que ya ni siquiera disponíamos de tiempo para comer de manera adecuada.
Comer es lo que nos permite poder vivir…

Un poco de historía del movimiento slow

Carlo Petrini es el fundador del movimiento internacional conocido como Slow Food (1986), y lo presentó en París el 9 de diciembre de 1989, como un movimiento de reacción frente a la comida rápida cuando la conocida cadena de comida rápida McDonald´s inauguró una filial en la escalinata de la Plaza de España en Roma. Esto molestó y se generó una protesta espontánea que desembocó en la organización de una manifestación (organizada por diversos periodistas de diarios locales), por medio de la organización de un banquete, en el que se protestaba contra la comida industrial (rápida), exaltando los beneficios y el disfrute de una comida tranquila, casera, con recetas de toda la vida, con ingredientes de proximidad, de temporada y sobre todo fresca.
Posteriormente y ante la creciente tendencia fast food (comida rápida y de escasa calidad), crearon una asociación para la promoción de una forma de comer más consciente que nos permita disfrutar con los sentidos del gusto y el olfato sin prisas, más despacio, el consumo de platos elaborados con recetas locales, productos naturales y de proximidad.
En el años 2004, la FAO, reconoció de manera oficial a Slow Food como organización sin ánimo lucro

La comida lenta (slow food), pronto ganó adeptos que preferían comer alimentos cultivados con amor, de manera sostenible y sobre todo directos del agricultor, favoreciendo además la agricultura ecológica y el comercio de proximidad.

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El movimiento slow en la actualidad

En la actualidad, el término «slow«, se aplica en diferentes áreas, actividades y disciplinas como el ocio, pasar el tiempo, hacer ejercicio, viajar, cocinar, conducir a la familia, trabajar y en general en nuestras relaciones con los demás.
Cuando olvidamos reducir la velocidad y las cosas se aceleran, siempre hay que pagar un precio.

El movimiento lento se centra en la construcción de relaciones conscientes, en oposición a las rápidas y superficiales, fruto de la sociedad actual.
Reducir la velocidad a la que nos vemos abocados en el día a día, es aprovechar el tiempo y disfrutar conscientemente de nuestra relación con las personas de nuestro entorno,  con la cultura, con la naturaleza que nos rodea, con el trabajo, y sobre todo con nuestro propio cuerpo y  nuestra mente.

Empieza por asumir que para leer este artículo, necesitas tiempo, y esa es una cosa que normalmente no tienes ¿verdad? De hecho es que siempre tenemos prisa y yo el primero, ya que siempre existen compromisos a los que no podemos decir no y generalmente nos olvidamos de dedicar el tiempo necesario a las cosas importantes.
Decir “No tengo tiempo…”, es mentirse a uno mismo.

Vive lentamente, vive slow

La falta de tiempo es uno de los problemas graves que tiene nuestra generación, y la única solución, es ser conscientes de ello y reducir la velocidad de nuestras vidas. Quita la mano del volante, sacala por la ventanilla, siente el viento en tu palma y disfruta del viaje.
No hay mejor opción… 

Reduce la velocidad en tu vida, mira al cielo y tomate el tiempo y la consciencia necesaria para observar todo lo que te sucede y te acompaña en tu vida. Es tiempo de que redescubras el aburrimiento y sobre todo la palabra “lento”. 

Vive lento para vivir mejor y no por pereza, indolencia o irresponsabilidad, si no para recuperar una parte importante de tu vida, tu identidad y se consciente de tus verdaderos deseos y prioridades. Se consciente y no te rindas a la prisa diaria, y sobre todo, que las prisas de los demás no sean las tuyas.
Tómate un descanso y reflexiona acerca del ritmo que llevas en tu vida, observa si la desesperación y el frenesí te hacen sentir siempre abrumado, en el trabajo, en tu vida privada y en tu tiempo libre. Es hora de redescubrir la lentitud, el aburrimiento y el aprender a no hacer nada, en una sociedad que siempre nos hace sentir apurados y donde los pocos espacios de relajación de los que disponemos para nosotros a veces se experimentan como una pérdida de tiempo, o la palabra “ocio”, se confunden con ir de compras al centro comercial de turno.

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Cómo seguir el movimiento slow

Desde el punto de vista de nuestros estilos de vida actuales, la lentitud es, en cambio, un reto que debemos conseguir. La desaceleración que imprimas en tu vida, la percibirás cada vez más y te sentirás triunfante ante el despilfarro de tiempo y el estrés que predomina.
Como en cualquier situación de la vida en la que nos proponemos metas,  llevarlas a la práctica y conseguirlas, debe comenzar por pequeños detalles o actos que nos vayan permitiendo empezar y valorar la motivación que nos da el conseguirlos para poder perseverar y conseguir cambios reales y duraderos.

Hagamos una lista de pequeños cambios a realizar en tu día a día y vayamos conquistándolos uno a uno como si de un juego se tratara, para reencontrarte con la “lentitud”:

  • No te levantes apurado e imprimas ese ritmo a tu día desde el primer instante.   Despiértate 10 minutos antes de lo habitual, de esta manera podrás afeitarte o maquillarte sin prisas, desayunar con más consciencia y empezar el día mas lentamente. Empieza tu jornada con una pizca de alegría.
  • Si te encuentras haciendo una cola en el supermercado, en medio del tráfico o en cualquier otra circunstancia, no te pongas de mal humor y aprovecha ese tiempo para planificar el fin de semana, la cena o conversar tranquilamente con el que tienes cerca. 
  • Si estás tomado café en un bar, disfruta plenamente de tu café, cuando termines recuerda despedirte del camarero que te lo ha servido, de darle las gracias y como no de felicitarlo por su trabajo si lo ha hecho bien (esto es aplicable a los bares, tiendas, oficina, ascensor, etc.).
  • Escribe whatsapp´s sin abreviaturas, sin símbolos, etc., tómate el tiempo necesario para escribir y comunicarte correctamente.
  • Siempre que sea posible, evita hacer dos cosas al mismo tiempo como llamar por teléfono y escribir en el ordenador … Hacer dos cosas a la vez por costumbre, nos estresa y corremos el peligro de hacerlo mal o de tener un accidente en el caso de que estés conduciendo y mirando el teléfono, por ejemplo.
  • Evita inscribirte a ti o a tus hijos en una escuela o gimnasio que queda al otro lado de la ciudad. Ponte las cosas fáciles y cómodas para poder hacerlas durante mucho tiempo y disfrutarlas.
  • No llenes tu agenda del día con eventos y  compromisos, aunque sean agradables, aprende a decir NO a algo y disfruta de los momentos de “vacío”
  • No te apresures para hacer compras, seguro que si miras en tu despensa, aún puedes hacer una magnífica cena y puedes ir con más tranquilidad al supermercado. 
  • Aunque quizás sea un poco más caro, de vez en cuando es mejor ir a la tienda del barrio más próxima y ahorrar tiempo en desplazarte al centro comercial de costumbre, esto hará que te sientas menos estresado.
  • Adquiere el hábito de caminar más en lugar de utilizar tu coche o moto para ir al punto donde has quedado con los amigos o al restaurante para cenar.
  • Camina solo o en compañía por tu ciudad, pasear te permite estar contigo mismo y observar la vida a tu alrededor. Respetar exquisitamente las señales de tráfico para los peatones, es una manera de bajar el ritmo (no cruces con el semáforo hasta que no esté en verde para peatones, aunque veas que no viene ningún vehículo, cruza las calles utilizando los pasos de cebra, aunque estén más alejados, etc.)
  • Por la noche, lee un libro que te guste o los periódicos y no hagas zapping frente a la televisión.
  • Aprovecha algunos fines de semana o algún puente largo para disfrutar de tu ciudad y de las actividades que te brinda (ir al cine, pasear, hacer deporte, ir al mercado de verduras, etc.  
  • Si tienes 15 días de vacaciones, dedica 10 a las vacaciones y usa el resto de días como un periodo de adaptación previa o posterior a las vacaciones .
  • Deja de repetir: «No tengo tiempo….» . Continuar haciéndolo no te hará parecer más importante y además no olvides que cuando el pensamiento lo haces verbo, te lo crees más.
  • Y otros que en base a los anteriores puedas introducir.

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Practica también la “lentitud” en la cocina

Cuando cocinamos, también podemos observar ciertos hábitos que te ayudarán a aplicar el concepto “lento”:

  • Que la comida sea tu medicina…, dijo Hipócrates.
  • Cocinar comienza cuando compramos: elegir los productos, las calidades, la temporada, etc. Disfruta de la compra y dedícale el tiempo que necesita.
  • Está demostrado que por más que miremos el agua, no va a hervir antes. Ese tiempo dedícalo a preparar la mesa con tranquilidad, a poner una flor o una vela,  una bonita música, etc. 
  • Usa todos tus sentidos para disfrutar de los ingredientes uno a uno; verlos, observar sus formas, olerlos, ver cómo están de maduros o de verdes, probarlos, etc.
  • Saborea pacientemente cada bocado, cada pequeño sordo de ese vino que has elegido para acompañar la comida, etc.
  • Come conscientemente y no hagas varias cosas a la vez. Si comemos no hablamos por teléfono y si llamamos por teléfono no comemos.
  • No tengas prisas, la película, el lavavajillas, el ordenador, etc. pueden esperar.

En general y bajo mi punto de vista, ¡Cuanto más rápido vayas, peor será tu vida!

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Técnico Superior de cocina y nutrición. Técnico Superior en administración y gestión de servicios hosteleros. Técnico Superior en Comercio Internacional Técnico Superior en Marketing y comunicación Formación en Inteligencia Emocional. Experto en crecimiento personal. Me gustan la personas que toman decisiones y son valientes, me gustan los que se informan y aprenden, los que se parecen por dentro y por fuera, los que ven la parte buena, los que se caen y se levantan. No me gustan la mediocridad, la mentira ni la injusticia. Me gusta dar de comer....

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