Niksen: el arte de no hacer nada

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El no hacer nada está mal visto, pero hay un movimiento llamado Niksen que defiende los beneficios de esta práctica, en Holanda cada vez tiene más adeptos lo de tener tiempo libre para no hacer nada. Para la mayoría de la población estar ultra ocupados está bien visto, pero si lo miramos bien, es contraproducente que el estar sobrecargado de trabajo sea bueno.

El Niksen se ha convertido en una filosofía que se revela contra la cultura de la ocupación permanente, hay muchos psicólogos que apoyan esta teoría por los beneficios para nuestra salud mental y creativa. Por ello, nos animan a la búsqueda de los placeres simples de la vida.

Qué es no hacer nada

El niksen consiste en dedicar tiempo a mirar por la ventana o permanecer sentados e inmóviles, incluso acostado en la cama mirando el techo, esto aporta energía, el objetivo es dejar las tareas ‘productivas’ de lado y permitir vagar a la mente, sin pensar en términos de resultados. Pero tampoco hay que pasarse, con 20 minutos al día es suficiente, podemos disfrutar de este tiempo tomando un té u otra infusión relajante.

Probablemente, al principio, tendrás la sensación que estás perdiendo el tiempo, pero si mantienes está práctica irás notando los beneficios de establecer nuevas conexiones con nosotros mismos. En cambio, el impacto real de estar todo el día ocupados provoca el síndrome de desgaste profesional, trastornos de ansiedad y  otras enfermedades similares.

A diferencia del mindfulness, el niksen es una acción donde no somos conscientes de todo aquello que nos rodea, se centra en darse el gusto de no hacer nada, dejar que nuestra mente piense en lo que quiera sin sentir culpa por no hacer nada. Podría definirse como un ejercicio de recuperación mental en reposo mientras estamos despiertos. Recomendamos ponerlo en práctica y buscar un momento a lo largo del día para ejercitarlo, pierde el miedo a decir “nada” cuando te pregunten qué estás haciendo, no tienes que darle explicaciones a nadie.

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En qué nos beneficia el arte de no hacer nada

El niksen es una acción premeditada de recarga, nuestras rutinas y cultura no fomentan que estemos parados, sentados, pero cada vez hay más estudios que defienden los beneficios de esta práctica para la salud mental y nuestra productividad.

Está demostrado que la inactividad total durante unos 15 minutos nos activa la creatividad, somos más hábiles para solucionar problemas, se nos ocurren ideas originales, siempre es bueno dejar que la mente busque sus propios estímulos. También aporta beneficios para relajarnos, disfrutar de la vida y dormir mejor.

Además, el hecho de mantenernos ocupados todo el tiempo podría hacernos perder la capacidad de sentarnos y quedarnos quietos porque nuestro cerebro crea conexiones. Para que esta acción funcione mejor hay que desconectarse también de las tecnologías, sobre todo del teléfono móvil.

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El libro “el arte y la ciencia de no hacer nada”

El libro, de Andrew Smart, “el arte y la ciencia de no hacer nada” nos ofrece un análisis científico donde detalla cómo el cerebro permanece activo cuando no está concentrado en una tarea específica y bulle en actividad cuando se supone que está en reposo.

A partir de estos descubrimientos, Smart defiende que la multiactividad es perjudicial para el cerebro, que, por el contrario, necesita estar ocioso para ser creativo. Recurre a citas y anécdotas de personajes como Newton o Rilke, que realizaron algunos de sus mayores descubrimientos y creaciones cuando estaban descansando.

Esta publicación supone dar una vuelta de tuerca a una sociedad adicta al trabajo y en la que cada vez queda menos espacio para no hacer nada. No es una publicación de autoayuda, Andrew Smart es un científico e ingeniero que analiza lo que sucede con el cerebro cuando estamos “haciendo nada”.

Su teoría defiende que el cerebro se activa cuando uno deja de hacer alguna actividad particular, como ver televisión, leer o escribir, por ejemplo. Pero en cambio, se potencia cuando nos ponemos a ver las nubes, meditamos o escuchamos música.

Antes de la masificación de la televisión y posteriormente de internet, uno pasaba mucho tiempo sin hacer nada. Ahora predomina en la sociedad actual la educación del hacer, pero es importante comprender que el hacer más no necesariamente significa ser más productivo.

La gente tiene que estar constantemente ocupada y se angustia ante la posibilidad de no estarlo. El permitirse estos espacios de no hacer nada, que históricamente ha estado relegado más bien a los hombres, debiera ser algo propio de nuestra vida cotidiana. En los últimos meses, durante el confinamiento, mucha gente se ponía de los nervios porque pasaba muchas horas sin hacer nada.

David Cortecerohttp://www.miravalencia.com/

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