Consejos para superar la ansiedad

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Todos tendremos que superar la ansiedad en algún momento de
nuestra vida. Suele estar provocada por problemas afectivos, familiares o
económicos. El diccionario de la Real Academia Española lo describe como un “estado
de agitación, inquietud o zozobra del ánimo”.

Tipos de ansiedad: fisiológica y patológica

La ansiedad fisiológica es un mecanismo de defensa leve frente a amenazas de la vida diaria. Tenemos que adaptarnos a los cambios y suele mejorar nuestro rendimiento. No es necesaria la ayuda psicológica. Por ejemplo, cuando hay un cambio de 10 grados de un día a otro o cuando hay un cambio de jefe en el trabajo.

También existe la ansiedad asociada a una personalidad preocupada. Las personas inquietas, aceleradas suelen tener una ansiedad conocida como hipertensión psicológica. En estos casos los ataques de ansiedad suelen ser menos dramáticos.

Por contra, la ansiedad patológica es un tipo de ansiedad más fuerte y sí que necesitará una atención psicológica. Empeora el rendimiento, la reacción suele ser desproporcionada a la causa que la ha desencadenado.

 

Síntomas de la ansiedad

Suele manifestarse como ataques de pánico. Los síntomas habituales son sudoración, dificultad para respirar, taquicardia, mareos o dolor de cabeza. La angustia puede aparecer de forma aislada o asociada a una situación. Las fobias son un tipo de ansiedad, se puede tener a los espacios cerrados, a las agujas, a los animales, etc. En muchos casos se asocian a otros trastornos, como la depresión, abuso al alcohol o el trastorno obsesivo compulsivo (TOC).

Cómo actuar ante un ataque de ansiedad o pánico. Superar la ansiedad

Un ataque de pánico puede causar una ansiedad descontrolada, donde se pierde el control. Provoca temblores, aumenta la tasa cardiaca, respiración fuerte.

Intenta tranquilizarle transmitiendo la sensación de que no hay peligro, que no sucede nada grave. Esto lo conseguiremos haciendo y pensando en otra cosa. Poniéndonos a trabajar en algo. Cambiando el tema de conversación, realizar una actividad que quite importancia a lo que te preocupa.

Pautas para combatirla cambiando nuestro estilo de vida

Para superar la ansiedad es recomendable darse autoinstrucciones. Decirnos a nosotros mismos “tranquilízate, esto es solo ansiedad”. Por ejemplo, hacer ejercicios de relajación y respiración como yoga o mindfulness. Tenemos que cuidar la alimentación y dormir bien. El mejor ansiolítico siempre será hacer deporte de manera regular. Respetar los límites del terreno laboral, no llevarnos el trabajo a casa. Saber identificar los pensamientos negativos y saber darles la vuelta. Saber pedir ayuda es básico para superar la ansiedad.

Trucos para superar la ansiedad

Lo primero que tienes que hacer es luchar contra lo que te provoca la ansiedad. Repite una frase relajante. Respira profundamente durante varias veces. Tranquilízate diciendo “estoy a salvo y me siento querido”. Concédete permiso para sentir ansiedad. La ansiedad se aferra cuando nos resistimos a ella. Puede salir de nosotros en el momento que decidamos dejarla ir.

Pero si no lo consigues puedes meter las manos en agua fría con hielo para alejar la sensación de estrés. Aprieta fuerte los puños, respira hondo y relaja las manos poco a poco. Luego estira los dedos hacia fuera todo lo que puedas. Deja que fluyan las lágrimas, llorar es bueno, relaja el sistema nervioso. Deja las redes sociales durante un tiempo. Las redes pueden intensificar la ansiedad por querer mostrar una eterna vida ideal.

Reinterpretar el problema

Reinterpretar el problema nos hará sentirnos mejor. Conviene ser realista y no ser exagerado. Razona si la posibilidad de que ocurra lo peor es tan grande. ¿Sería tan grave?”. Dar importancia a los problemas sólo cuando podemos hacer algo. Si no hay nada que hacer, hay que seguir la vida normal y atender otras cosas.

Desviar la atención del problema, dejar de pensar en lo que nos preocupa. Conviene aprender a relajarse, no centrar todas nuestras energías en el problema. Estar en alerta, pero también descansar y guardar recursos cuando no se puede hacer nada. Interpretar los problemas como un desafío, no como una amenaza.

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