La pandemia destapa la mala atención psicológica generalizada

Contenido revisado y validado por nuestros expertos del comité asesor.

La pandemia de COVID-19 destapa la mala atención psicológica generalizada y apenas comenzamos a entender la magnitud de esta problemática. Desde la Universidad ISEP, queremos aportar algunos datos relevantes para alentar la reflexión e invitar a las personas a buscar ayuda profesional si consideran que la necesitan. 

A pesar de que algunos países comienzan lo que se ha denominado la “nueva normalidad” y han enfilado acciones para abrir sus fronteras, comercios no esenciales y reducir el uso del tapabocas a medida que aumenta la tasa de vacunación y se controlan los nuevos casos de coronavirus, aún está fresco en la memoria de todos el día que se  informaba sobre un extraño brote de un nuevo coronavirus que rápidamente se diseminó por el mundo y tres meses después, en marzo de 2020, llevó a la Organización Mundial de la Salud a declarar el mundo en pandemia. 

Se trató y se trata sin lugar a duda de un desafío impensado para las personas, las familias, las comunidades y las instituciones en lo que, sin exageración, se denomina “el primer gran impacto del mundo globalizado”

Si bien el impacto en la salud y la economía fueron los primeros y más visibles, existió también un impacto en las emociones y mentalidad de las personas que generó un cambio drástico del comportamiento humano. 

Los primeros estudios sobre el impacto psicológico del Covid-19 informan que las primeras respuestas de las personas fueron miedo e incertidumbre extremo, ansiedad, estrés y depresión. 

No es para menos, en un instante líderes de todo el mundo restringieron la libertad de movimiento de las personas en un intento de aplanar la curva de infecciones con distanciamiento social, que incluyó cierre de fronteras, cuarentenas, estados de alarma y toques de queda. 

Solo toma un minuto y recuerda tus primeras reacciones, seguramente excesivas para evitar el contagio de un virus del que nada se sabía entonces.

En este momento se sabe que en más de un año de pandemia se han reportado más problemas asociados a la salud emocional, mental y a la conducta de las personas que por infecciones del Covid-19. 

En este artículo patrocinado por la Universidad intercontinental ISEP, líder en el área de formación postgradual en las áreas de psicología, neurociencias, educación, logopedia y empresas, resumimos estudios científicos que evaluaron el cambio de conducta, caracterizaron a los grupos vulnerables y desarrollaron recomendaciones para enfrentar lo que la pandemia destapó: una mala atención psicológica generalizada. 

Así fue el cambio drástico del comportamiento humano a partir de la pandemia 

Si bien las reacciones emocionales ante el Covid-19 fueron multifactoriales, no sólo se trataron de emociones generadas por agentes externos, sino que también estuvo en juego el componente personal e innato. Es decir, la propensión individual a que sucesos de esas dimensiones afecten más o menos las emociones de unos y otros. 

No obstante, lo que sigue es en parte aspectos claves de la investigación de Pedrosa AL, Bitencourt L, Fróes ACF, Cazumbá MLB, Campos RGB, de Brito SBCS and Simões y Silva AC (2020), investigadores del Laboratorio Interdisciplinar de Medicina de la Universidad MInas de Gerais, en Brasil, en el cual exponen que las reacciones emocionales predominantes en la mayoría de la población han sido “aumento significativo de los sentimientos de deterioro funcional, aburrimiento, estigma, preocupación, fobia, frustración e ira”. 

También se analizan otros estudios y otorgan ciertas apreciaciones profesionales por parte de la Universidad ISEP. 

No es casualidad que esas emociones negativas hayan proliferado, ya que la pandemia y las medidas para contenerla estimularon grandes cambios en la conducta humana caracterizados por: largos y prolongados momentos a solas y en casa, exageradas rutinas de aseo, uso prolongado de tapabocas, alteraciones de sueño, consumo diario de noticias y pocas o ninguna actividad al aire libre o de socialización.

Esta situación que irrumpió de manera dramática y quebró la conexión social, sobre todo en los primeros meses de la pandemia hizo que se incrementarán algunos de los siguientes eventos emocionales: 

Miedo e incertidumbre 

La naturaleza inédita del nuevo coronavirus, que a pesar de no ser la primera emergencia sanitaria del siglo XXI, recordemos el SARS y MERS, hizo que el miedo fuera una de las emociones más replicadas ante el desconocimiento de la nueva enfermedad. 

Su rápida diseminación más allá de los hospitales puso a toda la población en riesgo e hizo que se implementaran medidas para su contención que crearon un escenario paralelo dominado por el miedo y la incertidumbre (Pedrosa AL, et al, 2020). 

Si bien el miedo es una reacción natural y deseable antes las amenazas del medio ambiente. Únicamente es un mecanismo que sirve de apoyo para quienes están en capacidad de enfrentarlo y lidiar con las amenazas que se presentan. Pero para quienes el miedo desencadena respuestas de defensa  exageradas y sienten que no son capaces de enfrentar los desafíos del entorno, considerando además que existe una coyuntura real de no solo miedo a la enfermedad y la muerte, sino a las consecuencias económicas, familiares y sociales, el miedo es un detonador de comportamientos riesgosos.

De acuerdo a estudios anteriores traídos a colación por Pedrosa et al. (2020), el miedo está asociado directamente con la ansiedad, la depresión y la aversión a los gérmenes. Otra consecuencia del miedo es la estigmatización y discriminación contra las personas enfermas de Covid19 o con sintomas asociados a la enfermedad. En su expresión más negativa el miedo puede llevar al suicidio.

En un estudio hecho en Inglaterra y Alemania, 40% de los encuestados reportaron tener síntomas asociados a la depresión durante el periodo de confinamiento. En general el estudio reporta un aumento considerable de trastornos depresivos y de ansiedad. 

En este contexto es imperativo tomar nota de las emociones y pensamientos, otorgarles una valoración que permita detectar en qué momento el miedo se convierte en un problema real que impide el desarrollo de nuestras competencias emocionales y nos hace errar en nuestro comportamiento. 

Estresores

Se debe tener en cuenta que muchas personas se enfrentaron a situaciones límites al atravesar un período largo de la enfermedad, la pérdida de un ser querido a causa del virus que además, impidieron el buen y correcto manejo del duelo, afectaciones de índole psicosocial, económicas, laborales e incluso relacionales. 

Por ejemplo, la Organización Internacional del Trabajo reportó la pérdida de 25 millones de puestos de trabajo. Sectores como el turismo fueron muy golpeados. Incluso personas que presumían de buen estado económico antes de la pandemia reportaron pérdidas. La incertidumbre económica en muchos casos tuvo resultados fatales como en India o Bangladesh donde los medios alertaron un aumento del suicidio.

Otra situación que generó un cambio drástico y representó una amenaza en la vida de muchas personas, sobre todo mujeres y niños, fue la imposibilidad de sostener lazos de apoyo y de comunicación en un contexto de violencia doméstica exacerbado por el miedo al virus y los llamados a quedarse en casa. Google, por ejemplo, reportó que durante este período las búsquedas relacionadas a ayudas ante situaciones de violencia intrafamiliar subieron un 75%. 

Cambios en los hábitos diarios 

Junto a estos componentes de miedo, incertidumbre y estrés que causaron en algunos individuos situaciones emocionales extremas, se sitúa un cambio en los hábitos diarios en ocasiones favorecedor de la salud como el reporte de una investigación en Italia que registró que 3% de las personas incluidas en el estudio habían dejado de fumar. Pero en general, la mayoría de las situaciones fueron relacionadas con perturbaciones o interrupciones del sueño que contribuyen al ciclo de miedo, ansiedad y depresión. Así como reportes de aumento de peso a causa del mayor consumo de alimentos y menos actividad física. 

¿Por qué la pandemia destapa la mala atención psicológica generalizada?

Se incrementó la aparición o reincidencia de desórdenes psicológicos

Un porcentaje aún importante de la población no otorga importancia a la salud mental ni tiene interés en la terapia, no como un método de urgencia o aplicable solo a quienes padecen trastornos mentales, sino como un medio para canalizar nuestras emociones y desarrollar estrategias y herramientas que nos permitan entendernos, conocernos y cuidar mejor nuestra salud mental y la de los otros. Una manera de ser más inteligentes emocionalmente. 

Es así como en este semillero de situaciones emocionales negativas que ha significado el Covid se ha reportado la reaparición y reincidencia de patologías psicológicas como la depresión, la ansiedad, el pánico, la paranoia, las actitudes obsesivas compulsivas y las adicciones. 

En España, la Asociación Nacional de Psicólogos Clínicos y Residentes ya advierte un incremento de 50% de las enfermedades mentales. Las consultas podrían subir de un 10% al 20% de la población en el período de un año a causa de trastornos vinculados directa o indirectamente al Covid-19.

De hecho, un 5% de los españoles reporta síntomas clínicos asociados a dichas patologías. 

Es decir, se comprueba la tesis de la mala atención psicológica generalizada producto de una sociedad que aún no estimula ni considera prioritaria la salud mental tanto como la física ni cataloga como enfermedad a alteraciones mentales tales como el estrés. 

Poblaciones en riesgo 

Algunas poblaciones más que otras están en riesgo y presentarán problemas en el porvenir asociados a la pandemia. Es el caso de los trabajadores de la salud, los cuidadores domésticos, los pacientes de Covid 19 y sus familiares y en general, personas con patologías mentales preexistentes. 

En el caso de los médicos se reportan largas jornadas de trabajo, situaciones diarias de estrés y tensión, miedo al contagio, incapacidad de responder oportunamente a pacientes con medicinas o atención, pérdida de pacientes. En China un estudio arrojó que 70% de los médicos en la línea de atención al Covid-19 reportaron problemas psicológicos asociados a su labor. 

Los niños y las personas mayores también presentaron problemas mentales relacionados con la ansiedad, el aislamiento, la soledad y el aburrimiento. Estos grupos etario junto con grupos étnicos como los extranjeros, comunidades latinas y africanas, y otros reportaron mayores daños a su condición mental producto de la pandemia y han sido fuente de diversos estudios como el de Javed B, Sarwer A, Soto EB, Mashwani Z‐R. The coronavirus (COVID‐19) pandemic’s impact on mental health. Int J Health Plann Mgmt. 2020, en el cual se describen los cambios de conducta en cada uno de ellos. 

Acciones para compensar la crisis emocional durante la pandemia 

Como consecuencia se alerta un aumento de demanda en las consultas de psicología y terapia emocional, así como la búsqueda de placebos emocionales de índole espiritual o de psicología positiva. 

De igual manera, se detecta un incremento progresivo para los próximos meses de problemas de ansiedad, depresión, estrés post-traumático y adicciones. Así como la configuración de desadaptación social o pérdida de habilidades sociales producto del largo distanciamiento en el que estuvo inmerso un gran número de personas. 

Así como aún se desconocen muchas cosas en relación al SAR-COV-2, también se desconocen aspectos relacionados al verdadero impacto para la salud mental y la huella emocional que deja en la humanidad este virus. 

Pero por los momentos, podemos exhortar a las personas a aprovechar el momento como una oportunidad para cambiar los paradigmas en relación con la atención psicológica y las redes de apoyo emocional: la psicología no es un área exclusiva para quienes padecen trastornos mentales o de conducta, sino que es una herramienta que nos facilita y prepara para afrontar mejor y de manera más provechosa las experiencias vitales. En el avenir: 

  • Considera y otorga prioridad a la salud mental igual que lo haces con la salud física y las prevenciones para protegerte a ti y a tu familia del Covid-19, desarrolla buenos hábitos de limpieza y despeje mental y emocional. Aprovecha el momento para conocer tus emociones y considerar la terapia como parte de tu cuidado personal. 
  • Pasa tiempo de calidad con tus seres queridos, familias y amigos, especialmente con aquellos que más lo necesiten por su condición (adultos y niños, por ejemplo). Participa en actividades deportivas, toma un break de tus redes sociales y del consumo de noticias. 

Universidad ISEP: comprometidos con el bienestar emocional  

En Universidad ISEP estamos convencidos de que la salud mental tiene un papel fundamental en la preservación del bienestar de las personas durante la pandemia. Hoy más que nunca, la formación y actualización de profesionales en atención psicológica tiene una relevancia mayúscula. Conoce nuestra oferta educativa: 

Maestría en psicología clínica 

Maestría en psicoterapia cognitiva conductual 

Especialidad en neuropsicología 

Diplomado en psicología clínica

Mar García Arribas

Biografía de Mar García Arribas

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