Madres: el problema es el contexto

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Quienes protegen y lideran a la sociedad en las crisis no pueden verse relegadas en sus derechos – 8 marzo 2021

                  Imagina que te toca la lotería. ¡Por fin! Tantos años jugando y hoy se ha cumplido tu sueño.  Pero en el pueblo en el que vives, es tradición llevarte a una isla desierta cuando te dan el maletín con el dinero. Así que ahí estás: con tus millones, la  playa y los cocoteros.

                  Ahora imagina que  nace tu bebé. ¡Qué gran alegría! Pero si haces crianza con apego, te pasas los días enteros sola con él/ella, no podéis acceder juntos a espacios adultos como el cine o el teatro con tus amigos/as, disminuye tu ritmo de trabajo –perdiendo status social y económico-, y tu relación de pareja de repente no es lo que era. Ahí estás: con tu tesoro en tu isla desierta.

                  El problema es el contexto. Antes de que las civilizaciones patriarcales convirtieran la maternidad en un mandato de género, gestar-parir-criar eran experiencias de puro placer, ya que pertenecen a la esfera de la sexualidad. Asimismo, vivirlo en tribu no dejaba ni a madres ni a bebés en soledad, precariedad o desamparo. Las mujeres no tenían que abandonar su trabajo habitual, ni perder status en la comunidad, ni prescindir de las actividades sociales lúdicas y nutritivas, ni generar distancia en sus relaciones íntimas con pareja o amigos/as.

                  Esencialmente, ser madre o ser bebé  -así como la diada que constituyen en la etapa perinatal- es un placer, no es un obstáculo, ni una carga. El problema es el contexto. Ser mujer no es ser miedosa o débil para llegar sola a casa por las noches. Ni tener más predisposición para asumir los trabajos no remunerados. Ni un largo etcétera que ya imaginas sin que te dé más datos. El problema es un contexto que, además, nos dice que ya hay igualdad. Por lo que parece que ni siquiera tenemos legítimo derecho a la protesta, así que reivindicamos bajo riesgo de ser consideradas feminazis “de esas que odian a los hombres y que en realidad lo que les falta es un buen polvo”.  

                  Las estadísticas revelan que son las mujeres en general, y las madres en particular, quienes han salido peor paradas hasta el momento durante la pandemia. Por no hablar de la violencia obstétrica, que ha encontrado en el COVID19 un cómplice para justificar actuaciones terribles que atentan contra mujeres y bebés, así como contra la diada. Entonces, ¿qué pasa? ¿La igualdad es espejismo o realidad? ¿O es que en nuestro contexto, como decía Orwell, “todos somos iguales, pero unos somos más iguales que otros”?

Berta Perez Gutierrezhttp://musicoterapiaymaternidad.es/

Mi pasión es acompañar en procesos vitales para que cada persona pueda aprovechar al máximo sus recursos y, sobre todo, aumentar su bienestar.

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