Yoga Moderno, tal vez Noética.

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No es casualidad que hace 50 años, muchos nos introdujeramos en este espacio cultural donde se fusionan Oriente y Occidente de la mano de Ramacharaka, especialmente por su libro “14 lecciones de filosofía yogui y ocultismo oriental”. En aquel tiempo, no había muchos autores entre los que escoger: Alan Wats, Herman Hesse, Rabindranath Tagore, Khalil Gibran, Vivekananda y Ramacharaka, siendo éste último el más didáctico entre ellos. El mismo Antonio Blay nos relataba, en una velada, que se hallaba muy lejos de estos temas, en su vida, cuando un día, entró en una librería y su vista fue directa a posarse en este libro. En él Ramacharaka nos introducía a la meditación mediante las frases: “Yo no soy mi cuerpo físico. Yo no soy mis emociones. Yo no soy mis pensamientos. Yo soy Conciencia. Una pequeña parte de la gran y única Conciencia”.

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Vicente Merlo, en uno de sus libros sobre Sri Aurobindo distingue entre el Yoga Clásico, entre cuyos referentes cita a Patanjali y a Ramana Maharshi. Sería el Yoga que nos conduce a la experiencia de Sat Chit Ananda. Y el Yoga Moderno, cuyo principal representante sería Sri Aurobindo, pero también Satiananda, Alice Ann Bailey, Antonio Blay, Vicente Beltrán Anglada y otros. Entiendo que este Yoga ya no se conforma con alcanzar dicho estado de iluminación, sino que trae dicha energía a los vehículos de la personalidad, convirtiéndolos en instrumentos del Alma. En dicho sentido, en réplica a la afirmación de Ramacharaka, mi propuesta es: “Yo soy Conciencia. Y como tal incorporo en mi todas mis ideas y pensamientos. Acojo todas y cada una de mis emociones y sentimientos. Lleno de energía y felicidad a mi cuerpo físico. Y los convierto en fieles reflejos de las energías del Alma, las cuales emanan del Ser Uno, como Luz, Amor y Poder”.

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Pero tal y como decía Thérèse Brosse, en su libro “Conciencia y Energía”: “El occidental no debe limitarse a copiar al oriental, sino que debe construir su propio Yoga”. En dicho sentido, yo entiendo que el Yoga Moderno, para el occidental ha de incorporar las aportaciones de los genios de nuestra cultura, tales como Carl Gustav Jung, Fritz Perls, Ken Wilber, Stanislav Groff y otros. 

Hay una diferencia notable entre el oriental que se ha educado en un paradigma holístico y que para él hay conceptos que no necesitan ser definidos, porque le son tan naturales como el respirar. Por ejemplo “las líneas de fuerza” o la “autorregulación organísmica”. Sin embargo, los occidentales necesitamos comprender con la mente antes de llevar a la práctica, por eso hasta que Moshe Feldenkrais no traslada al estudio del cuerpo humano, el concepto de línea de fuerza que toma de la arquitectura, no nos enteramos de su existencia. Y lo mismo nos pasa con la “autorregulación organísmica” definida por Fritz Perls.

Tal y como yo lo veo, la Psicología de la Autorrealización de Antonio Blay constituye una base excelente sobre la que construir el Yoga de Occidente, para el que Thérèse Brosse proponía el nombre de Noética, Ciencia de la Conciencia, en griego. Y lo veo así, porque aborda las distintas dimensiones a tener en cuenta en el desarrollo de la Psique, pues no es posible dedicarse únicamente al supraconsciente, sin tomar en cuenta al subconsciente, sin caer en lo que C.G.Jung llama “el efecto enantiodrómico”. (De enantiodromia: correr hacia atrás, en griego).

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